Dos miradas encontradas y
destinadas a ser principio y fin, son causantes de algo inevitable, dos cuerpos
temblando más por deseo que por temor, son testigos inminentes de una danza
perfecta, en donde almas conectadas por cadenas irrompibles dejan caer sobre la
carne, sobre la piel ya débil y consumida su néctar que humedecen los labios
del uno y del otro.
Aumentando así los latidos
de dos corazones, descontrolando por ese momento la coordinación perfecta del
cuerpo, estremeciendo cada parte… cada rincón del existir, la tierra se
desvanece, el mundo, con la ausencia desaparece… un sueño con ojos abiertos a
punto de cerrarse para disfrutar del éxtasis.
Ya sin más, los labios se
rozan, se abrazan entre sí, saboreando y jactándose del néctar, del vino
simple, de la humedad tibia de mil deseos que explotan con bravura dejando a su
paso el nacimiento de… UN BESO…
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