Te conocí esa tarde de cielo oscuro,
notaste la necesidad de hacerme a una compañía al llegar la noche, dejé al
descubierto mi alma, me abrazaste y me refugié en ti, en tus brazos, en tu
piel, en tu sexo…
Olvidé que mentías, olvidé que nuestra noche
era lasciva al igual que tu seducción… hoy recuerdo con desdén tu mirada que me
atribula… pero olvidé el dolor y las heridas, olvidé el llanto y recordé la
felicidad…
Queda el recuerdo dulce, amargo, el
sabor de tu piel, el aroma del roce de dos cuerpos, queda el olvido y ese
extraño sentimiento que perduro solo una noche…
No hay comentarios:
Publicar un comentario