He ahí el temor de aquellos que viven tras la prisión de sus sentimientos... Encerrados en su silencio a causa de quienes no creen en la transparencia de sus almas... Viviendo en un mundo de letras manchadas por lágrimas que dejan sentimientos reprimidos en la oscuridad...
Aman, y sienten el peor de los odios al cargar con el peso de ser tan débiles a la hora de amar...
Contemplan atardeceres que mueren, llevando consigo ese secreto, esa desesperación, ese deseo de mitigar el alma, el corazón y hasta su mismo ser, que anhelan expulsar con miradas, palabras y caricias todo ese sentimiento que fluye e incinera fríamente su existir...
Y esa, esa es la forma de amar de aquellos que saben que si salen de su prisión, morirán tras cada atardecer...
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