Paso
a paso, en discusión con mis leales amigos, corazón y alma quien ávidos de romper
las cadenas del temor y apaciguar el irreprimible deseo de plasmar momentáneamente
en mi memoria otra más de mis cortas historias de deseo, de falso amor en donde
el corazón, ya contaminado por lagrimas que bañan y queman sus heridas toma el
control.
Dejando
mi alma nuevamente encerrada, aletargada, quien pura e inocente, solo divisa
desde lejos las escenas que con aires de grandeza mi corazón va dibujando. Con el
anhelo de hacer rebosar el verdadero amor, ese que con solo un suspiro hace
brillar los luceros.
Mientras
mi cuerpo ya sin control nubla mi mente al contemplar, al sentir, al saber que
al ser carne, es débil, dejándose caer a ese abismo oscuro pero poético y
lujuriosamente dulce.
Perdido
ya entre las curvas de sus labios, de su cuerpo, de sus voz que rompe el
silencio con gemidos nacientes de lo más profundo de su ser, siento esa daga,
esa sensación, esa esencia que me ahoga, mientras se mueve el tiempo ya
buscando un amanecer para encontrarme conmigo mismo y de mi lado la silueta de
una mujer a quien no conozco. Y la sonrisa sorda del corazón que me observa fríamente,
tomando del cuello mi alma quien no controla ya su dolor y deja fluir por entre
mis ojos lágrimas que alimentan aún más el vacío del corazón…
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